Fue 2-1 ante Tigre como local en Vélez, con dos goles de Gaitán. Luna descontó para el equipo de Cagna, que después tuvo varias oportunidades de llegar al empate. El domingo se viene River.
La oportunidad para Boca de arrimarse definitivamente al pelotón de arriba era ideal. Después que Alfio Basile revirtió su decisión de renunciar al cargo de entrenador llegaron las victorias sobre Vélez y Racing, y sobre todo el cambio de actitud. Como local en Liniers, recibía a un Tigre malherido.
Parece que apareció el equipo de memoria en la cabeza de Basile. Abbondanzieri; Ibarra, Cáceres, Paletta, Monzón; Battaglia, Rosada, Insúa; Riquelme; Gaitán y Palermo se recitan con facilidad. Pero hubo algo diferente en Boca en el inicio del partido: la iniciativa, las ganas de ganar. A los 3, Gaitán desbordó por izquierda, pero su centro no llegó a destino. Después Riquelme probó con un tiro libre que encontró la buena respuesta de Islas. El arquero visitante empezaba a mostrar sus reflejos.
Boca era superior, pero no era profundo. Llegaba hasta tres cuartos y ahí siempre chocaba con Garat, Oliva o Arruabarrena, que frenaban con falta a los jugadores de camiseta blanca, la alternativa que estrenó Boca. Duro en la marca Tigre, Boca se encerraba y se cerraban los caminos al arco. Por eso, el contraataque visitante insinuaba peligro sobre Abbondanzieri.


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